Qué es el déficit calórico y cómo calcularlo (paso a paso)

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Si has investigado algo sobre pérdida de peso, seguro que te has topado con el término «déficit calórico». Es la base de cualquier proceso real de pérdida de grasa, y sin embargo mucha gente lo aplica mal, ya sea porque no sabe calcularlo o porque lo hace de forma demasiado agresiva.

En este artículo te explicamos exactamente qué es, cómo calcularlo paso a paso para tu caso concreto, y los errores más comunes que hacen que no funcione.

Qué es el déficit calórico

El déficit calórico ocurre cuando comes menos energía (calorías) de la que tu cuerpo gasta en un día. Ante esa diferencia, el cuerpo recurre a sus reservas de energía almacenada —principalmente grasa— para cubrir lo que falta.

Es un principio de física básica aplicado a la biología: si gastas más de lo que ingresas, el balance se cubre con reservas. No hay ningún alimento, suplemento o truco que se salte esta ley. Todas las dietas que funcionan, funcionan porque, de una forma u otra, generan un déficit calórico.

Esto no significa que todas las calorías sean iguales en todos los demás aspectos —la calidad del alimento importa muchísimo para la saciedad, la salud hormonal y la composición corporal, como hemos explicado en otros artículos del blog— pero para la pérdida de peso en sí, el déficit es el motor.

Cómo calcular tu déficit calórico paso a paso

Paso 1: calcula tu gasto calórico total (mantenimiento)

Es la cantidad de calorías que necesitas para mantener tu peso actual, sin ganar ni perder. Se calcula a partir de tu metabolismo basal (la energía que gastas en reposo) multiplicado por tu nivel de actividad.

Una forma sencilla de estimarlo, usando la fórmula de Mifflin-St Jeor:

Para mujeres:
Metabolismo basal = (10 × peso en kg) + (6,25 × altura en cm) − (5 × edad) − 161

Para hombres:
Metabolismo basal = (10 × peso en kg) + (6,25 × altura en cm) − (5 × edad) + 5

Ejemplo: una mujer de 45 años, 70 kg de peso y 165 cm de altura:
(10 × 70) + (6,25 × 165) − (5 × 45) − 161 = 700 + 1.031 − 225 − 161 = 1.345 kcal de metabolismo basal.

Paso 2: multiplica por tu nivel de actividad

El metabolismo basal es solo la energía en reposo absoluto. Hay que ajustarlo según cuánto te mueves:

  • Sedentaria (poco o ningún ejercicio): metabolismo basal × 1,2
  • Ligera actividad (ejercicio suave 1-3 días/semana): metabolismo basal × 1,375
  • Actividad moderada (ejercicio moderado 3-5 días/semana): metabolismo basal × 1,55
  • Muy activa (ejercicio intenso 6-7 días/semana): metabolismo basal × 1,725

Siguiendo el ejemplo anterior, si esta mujer tiene actividad moderada:
1.345 × 1,55 = 2.085 kcal de gasto total diario (mantenimiento).

Paso 3: aplica el déficit

Para perder peso de forma sostenible, se recomienda un déficit de entre 300 y 500 kcal respecto al gasto de mantenimiento.

En el ejemplo: 2.085 − 400 = 1.685 kcal al día para perder peso de forma saludable.

Con este déficit, la pérdida de grasa esperada es de aproximadamente 0,3 a 0,5 kg por semana, un ritmo sostenible que no compromete la masa muscular ni ralentiza el metabolismo.

Por qué no debes hacer un déficit muy grande

Es tentador pensar que un déficit mayor equivale a resultados más rápidos. En la práctica, ocurre lo contrario a medio plazo:

El cuerpo activa el modo ahorro. Ante una restricción severa, el metabolismo se ralentiza para conservar energía, lo que dificulta seguir perdiendo peso con el tiempo.

Se pierde masa muscular. Un déficit muy agresivo empuja al cuerpo a usar también proteína muscular como fuente de energía, no solo grasa. Menos músculo significa menos metabolismo activo a largo plazo.

Aparece más hambre y menos energía, lo que hace casi imposible mantener el plan durante semanas.

El efecto rebote es casi garantizado. En cuanto se abandona la restricción extrema —y se abandona, porque no es sostenible— el peso vuelve, a veces con intereses.

Un déficit moderado de 300-500 kcal es lento en apariencia, pero es el que de verdad se mantiene en el tiempo y el que protege la masa muscular.

Errores comunes al calcular el déficit

No actualizar el cálculo con el tiempo. A medida que pierdes peso, tu gasto calórico también baja (menos cuerpo que mantener). El cálculo inicial deja de ser exacto después de varias semanas — conviene recalcularlo cada 5-6 kg perdidos.

Subestimar lo que se come. Es muy fácil calcular bien el déficit sobre el papel y luego no ser precisos al registrar la comida real. Salsas, aceites de cocinar, picoteos — todo suma.

Sobreestimar el ejercicio. Las aplicaciones y relojes deportivos suelen sobrevalorar las calorías quemadas en el ejercicio. Es más seguro ser conservador con esa cifra.

No tener en cuenta el ciclo hormonal (en mujeres). El gasto calórico y el apetito varían a lo largo del ciclo menstrual. No es un fallo del cálculo, es fisiología normal.

No hace falta contar calorías toda la vida

El cálculo que acabas de hacer es una herramienta útil para entender tu punto de partida, pero contar cada caloría de por vida no es necesario ni realista para la mayoría de personas.

Una vez entiendes aproximadamente cuánto necesitas, lo que funciona a largo plazo es aplicar principios prácticos: priorizar proteína, llenar el plato de verduras, reducir ultraprocesados y prestar atención a las señales de hambre y saciedad reales. Lo explicamos con más detalle en cuántas calorías comer para perder peso según la edad.

Si además quieres entender el marco completo para perder peso después de los 40 —no solo el déficit, sino también hábitos, ejercicio y mentalidad— tenemos la guía completa: Cómo perder peso después de los 40.

En resumen

El déficit calórico es el mecanismo detrás de cualquier pérdida de grasa real: consumir menos energía de la que gastas. Calcularlo es sencillo siguiendo tres pasos —metabolismo basal, nivel de actividad y déficit moderado de 300-500 kcal—, y aplicarlo bien significa evitar la tentación de recortar demasiado.

No es una ciencia exacta ni tiene que ser una obsesión. Es una guía para tomar mejores decisiones, no una ley que cumplir al gramo.


Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye el consejo de un profesional sanitario o nutricionista.

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